Según el artículo 7 de la Carta Democrática Interamericana, “la democracia es indispensable para el ejercicio efectivo de las libertades fundamentales y los derechos humanos”. Llegar a definir y a vincular estos conceptos costó más de cincuenta años a los Estados de América y el acaecimiento de un sinnúmero de violaciones sistemáticas a los derechos humanos que pasaron impunes por la historia del continente. Entre las más cruentas y visibles están la dictadura de Trujillo en República Dominicana, la dictadura de Castro en Cuba y las dictaduras sudamericanas de Pinochet en Chile, Videla en Argentina, Bánzer en Bolivia y Stroessner en Paraguay, entre otros gobiernos militares sudamericanos que colaboraron en la implementación del sangriento Plan Cóndor.
En 1948, los Estados de América habían suscrito dos documentos fundamentales: La Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre y la Carta de la Organización de Estados Americanos. La Declaración era el primer instrumento internacional sobre derechos humanos en el mundo, mientras que la Carta creaba una organización con la misión de defenderlos. En cumplimiento de esa misión, en 1959, la OEA creó la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y diez años después aprobó la Convención Americana sobre Derechos Humanos, que, con la creación de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, completaba el actual sistema interamericano de protección de los derechos humanos.
Sin embargo, a pesar del importante y acertado trabajo que han llevado a cabo la Comisión y la Corte en la redacción de informes sobre la situación de los derechos humanos en los países miembros y en el juzgamiento de violaciones específicas, las violaciones “sistemáticas” a los derechos humanos en el continente han continuado ocurriendo sin que la OEA haya podido frenarlas a tiempo. Para corregir esa realidad, la OEA aprobó la Carta Democrática Interamericana, como corolario de un largo y lento camino hacia la formulación de principios, reglas y mecanismos específicos que permitieran identificar y sancionar a aquellos gobiernos que sistemáticamente violan los derechos humanos.
A casi 10 años de la aprobación de ese documento histórico, la Human Rights Foundation está convencida de que su misión como organización no gubernamental que defiende los derechos humanos en las Américas incluye la obligación de promover y defender la vigencia de la democracia, a través de la denuncia de sus verdugos. La HRF considera que realizar activismo únicamente por casos de violaciones individuales y aisladas de derechos humanos es incorrecto, si este activismo no está acompañado de un trabajo contextualizado dirigido a diferenciar regímenes democráticos que violan derechos humanos de manera aislada, de los regímenes anti-democráticos que los violan de manera sistemática.
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La Alemania de Hitler, la Unión Soviética de Lenin y Stalin, la Italia de Mussolini, la China de Mao, las Filipinas de Marcos, la Cambodia de Pol Pot, la Corea del Norte de Kim Jong-il, la España de Franco, la República Dominicana de Trujillo, la Argentina de Videla, el Perú de Fujimori, el Chile de Pinochet y la Cuba de Castro, tienen entre sí muchas diferencias. Algunas de estas dictaduras han llegado al poder a través de golpes de Estado (Lenin, Mussolini, Pinochet), y otras a través de elecciones democráticas (Marcos, Hitler, Fujimori). Algunas se autodenominaban de “derecha” (Franco y Pinochet) y otras de “izquierda” (Pol Pot y Castro), y todas han profesado credos ideológicos distintos (Nazismo, Comunismo, Fascismo, Nacionalismo).
Sin embargo, todos estos regímenes dictatoriales, sin excepción, tenían una misma manera de operar:
La sangrienta historia del siglo XX ha demostrado que, más allá de las ideologías y los discursos que diferencian a los gobernantes, existen elementos objetivos que permiten diferenciar a los regímenes democráticos que protegen los derechos humanos de sus ciudadanos, de los regímenes antidemocráticos que los reprimen. La Carta Democrática Interamericana es el único instrumento legal internacional que ha definido estos elementos objetivos (arts. 3 y 4) como obligatorios para un conjunto de Estados, y que ha establecido un procedimiento para sancionarlos (arts. 17 al 21). La cláusula democrática impide que ningún gobierno de América que actúe como han actuado las dictaduras más represivas del siglo XX pueda ser miembro de la OEA.
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La Organización de los Estados Americanos, para realizar los principios en que se funda y cumplir sus obligaciones regionales de acuerdo con la Carta de las Naciones Unidas, establece los siguientes propósitos esenciales:
Esta información fue tomada del sitio web de la OEA, aquí
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Biografía
José Miguel Insulza fue elegido Secretario General de la OEA el 2 de mayo de 2005 y asumió el cargo el 26 del mismo mes. El reconocido político chileno cuenta con una destacada trayectoria en el servicio público en su país. Cuando asumió el cargo de Secretario General por un término de cinco años, Insulza se comprometió a “fortalecer la relevancia de la Organización e incrementar su capacidad de acción”.
Abogado de profesión, Insulza tiene una licenciatura en Derecho de la Universidad de Chile, hizo estudios de postgrado en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y una maestría en Ciencia Política en la Universidad de Michigan. Fue profesor de Teoría Política en la Universidad de Chile y Ciencia Política en la Universidad Católica de Chile, hasta 1973. También hasta ese año, sirvió como Asesor Político del Ministerio de Relaciones Exteriores y como Director de la Academia Diplomática.
Inició su actividad política durante sus años de estudiante, y alcanzó los cargos de Vicepresidente de la Federación de Estudiantes de Chile (FCH), Presidente del Centro de Estudiantes de Derecho de la Universidad de Chile y Presidente de la Unión de Federaciones Universitarias de Chile (UFUCH).
A comienzos de los años setenta, Insulza participó activamente en el Gobierno de Unidad Popular de Salvador Allende, y tras el golpe de Estado que llevó al poder al General Augusto Pinochet, inició un exilio que duró 15 años, primero en Roma (1974-1980) y luego en México (1981-1988). En Ciudad de México, fue investigador y luego Director del Instituto de Estudios de Estados Unidos en el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), Profesor de la Universidad Autónoma de México, de la Universidad Iberoamericana y del Instituto de Estudios Diplomáticos.
Insulza pudo regresar a Chile a principios de 1988 y se integró a la Concertación de Partidos por la Democracia, la coalición que venció en el plebiscito en contra del régimen de Pinochet en octubre de ese año, y en todas las elecciones democráticas celebradas en el país desde 1990. Miembro del Partido Socialista, ha ocupado un número importante de posiciones de alto nivel en los Gobiernos de la Concertación.
Bajo la administración del Presidente Patricio Aylwin, Insulza sirvió como Embajador Chileno para la Cooperación Internacional, Director de Asuntos Económicos Multilaterales del Ministerio de Relaciones Exteriores y Vicepresidente de la Agencia de Cooperación Internacional.
En marzo de 1994, durante la administración del Presidente Eduardo Frei, Insulza ocupó el cargo de Vicecanciller y en septiembre del mismo año fue nombrado Ministro de Relaciones Exteriores. En 1999, fue Ministro Secretario General de la Presidencia, y al año siguiente fue nombrado Ministro del Interior y Vicepresidente de la República por el Presidente Ricardo Lagos. Cuando dejó su cargo en mayo de 2005, Insulza había ejercido funciones a nivel ministerial por más de una década, el mayor período continuo para un ministro en la historia chilena.
Insulza nació el 2 de junio de 1943. Casado con Georgina Núñez Reyes, tiene tres hijos, Francisca, Javier y Daniel.
Esta biografía fue tomada del sitio web de la OEA, aquí
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